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Sondeo tras sondeo, sean públicos o privados, conocidos u ocultos, cocinados o en bruto, los tres puntos parecen ya sólo el suelo de una ventaja creciente de la oposición, que en algunas muestras supera incluso el seis por ciento. Y la intención directa de voto socialista se está desplomando. El caso Gürtel y los problemas internos apenas han afectado al despegue del Partido Popular, pese al escaso entusiasmo que sigue despertando el liderazgo de Rajoy. Eso quiere decir que al margen de las reservas que suscite la alternativa ha empezado a cuajar el desencanto del Gobierno como un fenómeno casi estable de la opinión pública. Que se está desmoronando la confianza. Que está en marcha el proceso que conduce a perder las elecciones.

Para mayor abundamiento, el Ejecutivo no da pie con bola. No hay problema ante el que no fracase, proyecto que no se le tuerza ni dificultad en la que no tropiece. Los errores se retroalimentan con la preocupación y la inquietud desemboca en nuevos fallos. El zapaterismo necesita éxitos rápidos y sólo encuentra reveses sucesivos. Está atascado, catatónico, y los reflejos del presidente parecen presos de un bloqueo que desnuda toda su liviandad política. Zapatero ha salido de envites peores y remontó incluso la ruptura de las negociaciones con ETA, pero ahora hay una crisis de fondo que destruye el optimismo social. Y aún queda la sentencia del Estatuto de Cataluña.
(Publicado en ABC)
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