Mostrando entradas con la etiqueta NACIONALISMO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta NACIONALISMO. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de enero de 2013

Navidades esteladas: mezclando churras con merinas


Nunca me ha gustado que se mezcle la política con otros temas, como el deporte o la Navidad. La fe nacionalista (y digo fe porque se basa en dogmas incuestionables) viene salpicando a todos los ámbitos de la vida en Cataluña, llegando incluso a afectar a temas tan obviamente apolíticos como las navidades. Una tradición cultural, e incluso religiosa, como es la Navidad, debería estar al margen de la política, no me parece correcto que unos pocos impregnen una celebración que es de todos con su simbología nacionalista, que además resulta excluyente con todos aquellos que no la compartimos.

Será porque el ambiente está muy sensible desde hace meses con el proceso de “transición nacional” emprendido por nuestros gobernantes en Cataluña hacia la secesión; será que están obsesionados por mantener viva la ficción, ese matrix estelado; o será que han logrado, tras años de lluvia fina y constante con el mantra nacionalista, que muchos ciudadanos catalanes no sean capaces de vivir sin esteladas “hasta en la sopa”.

El caso es que estas pasadas navidades he encontrado banderas independentistas en todas partes, empezando por los nacimientos (o pesebres), como el que aparece en esta fotografía tomada en un lugar público de Barcelona

Quizás es que no conozco bien la historia sagrada, igual resulta que Jesús nació en un pesebre de un pueblo catalán, donde colgaban banderas esteladas de sus balcones para irritar a los invasores romanos. O quizás fuera una muestra de solidaridad del pueblo judío de Belén (porque por aquel entonces era de Judea, no de Palestina ¿verdad?) con el bimilenario pueblo catalán al otro lado del mediterráneo. ¡Qué poco rigor histórico!

Aunque, ya puestos a imaginar, quizás podría ser un homenaje a la estrella de Belén, esa estrella que guió a los Magos de Oriente (o de Tartessos como ahora propone el Papa), hasta el lugar del nacimiento del niño Dios, dejando tras de sí un rastro cuatribarrado de fuego. ¿O acaso será que les guió a través de los Países Catalanes?

Llegados a este punto de introducción de nacionalismos y banderitas en el nacimiento, ¿por qué no adquirir el “Pesebre de la Estelada”, en el que todas las figuritas van ataviadas con sus colores? ¡qué lujo de ropajes y de colorido "nacional"!


Tampoco nos olvidemos de incluir el tradicional “caganer”, figurita típica en Cataluña y Valencia, que se suele colocar en un rincón del nacimiento, escondida detrás de un arbusto mientras hace sus “necesidades”, y que al mismo tiempo bien podría aprovechar para reivindicar la independencia de los “Países Catalanes” enarbolando su propia bandera estelada.


¿Y qué decir del tradicional baño y posterior carrera a nado del día de Año Nuevo? ¿por qué tiene que ser el de la playa de la Barceloneta, en Barcelona, el único lugar del mundo donde algunos bañistas se envuelven en banderas esteladas? ¿qué obsesión les lleva a bañarse con banderas independentistas? ¿acaso mejora su capacidad de flotación en las gélidas aguas barcelonesas?

Hasta aquí, podríamos asumir que se trata de detalles “simpáticos” y originales, realmente muy originales pues no conozco ningún país en todo el mundo cuyos ciudadanos estén tan obsesionados en llenar el nacimiento de banderitas (alegales y no oficiales, por cierto).

Lo que no han tenido en cuenta los sufridos ciudadanos es que, históricamente, siempre que se ha mezclado política y religión hemos acabado mal: las Cruzadas, la Inquisición, las Guerras Santas, el nacional-catolicismo, etc. Nuestros mayores aún recuerdan que durante el franquismo tanto la Iglesia como el propio régimen estaban absolutamente entremezclados, en una extraña simbiosis de poder, apoyándose mutuamente. ¿Es esto es lo que pretenden los nacionalistas? ¿Qué la religión y las tradiciones se politicen, haciendo que muchos nos sintamos excluidos de la tradición navideña por esta parafernalia? La respuesta es bien sencilla, todo forma parte de un plan estratégico, para lograr que el independentismo sea visto como algo lógico y natural, con un goteo continuo de símbolos, cual lluvia fina que cala profundamente, y no se rechaza ningún apoyo, ni siquiera el de la Iglesia. ¡Pero si hasta Sor Lucía Caram, la monja tuitera, se manifiesta a favor de la independencia de Cataluña!

Si por algo se caracterizan los nacionalistas (que no por su rigor histórico) es por su tenacidad, constancia y por su afán de evangelizar y expandir sus ideas “urbi et orbe” en todos los ámbitos de la vida. Así, cuando se ponen a politizar las navidades, no dejan escapar ningún cabo suelto para seguir haciendo su propaganda, introduciendo también las esteladas en los Talleres de Navidad, donde los niños realizan trabajos manuales, en el que les enseñan “decoración estelar”. No es casualidad, la sacrosanta fe nacionalista cuenta con una potente “catequesis” para adoctrinar a los niños en ella, introduciendo en sus juegos la sempiterna bandera estelada y sus dogmas incuestionables.

En este caso concreto, el taller de “Formación del Espíritu Nacional" se realizó en un pabellón público de Berga, coordinado por la Assamblea Nacional Catalana, esa entidad separatista a la que CIU y ERC apoyan y subvencionan con dinero público. Es un hecho evidente que se está adoctrinando a los niños en una doctrina, el separatismo, que incluye el odio a España como forma de afirmarse, y para colmo, pagado con dinero de todos nosotros.


¿Qué se hace luego con estos farolillos “estelados”? Todo sirve para el mismo fin: propaganda separatista. Serán empleados en la Cabalgata de Reyes, iluminando el camino a SS.MM. los Reyes Magos, y contribuyendo así a la completa politización de las navidades, desde su inicio con el nacimiento de Jesús hasta la llegada de los Reyes. 

No estoy de acuerdo con que se politice la Navidad. No debe aprovecharse una fiesta de amor y unidad para seguir sembrando la semilla del separatismo

¿Tan difícil es respetar la inocencia de los niños y la magia de los Reyes de Oriente, dejándoles libres de banderas y de discursos políticos? ¿Tan difícil es no politizar las navidades? 

Por favor, señores nacionalistas, dejen ya de mezclar churras con merinas, respeten la navidad, y hagan política donde se debe hacer: en las instituciones políticas, organismos oficiales, o en sus sedes de partido.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Hartazgo (artículo de Jesús Laínz)

Mi buen amigo Jesús Laínz, ilustre bolígrafo santanderino, acaba de publicar un interesante artículo en El Diario Montañés, que me envía para que lo difunda y comparta entre mis amigos y lectores. 

Desde la distancia (geográfica) que le separa de Cataluña, y desde la perspectiva histórica (cuyos hechos tozudamente tienden a repetirse), nos recuerda lo que supone para nuestro país, España, esa ola de "federalismo" que sobreviene cuando no se sabe cómo salir del atolladero al que nos quieren llevar los nacionalistas.


HARTAZGO (El Diario Montañés, 16-nov.12)

“¡Estoy hasta los cojones de todos nosotros!”. Con estas palabras zanjó el barcelonés Estanislao Figueras, fugaz primer presidente de la Primera República Española, uno de los últimos consejos de ministros que presidió antes de escabullirse al tren del que no sacaría la nariz hasta llegar a París.

Porque en aquel 1873, recién abdicado Amadeo de Saboya, al pueblo español le entró una calentura política desconocida hasta entonces: el federalismo. Inspirándose en suizos y norteamericanos (estos últimos, por cierto, acababan de ganar la guerra que, en nombre de la federación, desataron contra los estados partidarios de la secesión), los españoles descubrieron de repente su entusiasmo por una forma política que instauraría la virtud y la felicidad terrenales. La gente se saludaba por las calles al grito de “¡Salud y República Federal!”. Negarle a uno el título de federal se consideraba la peor de las injurias. Y, sin embargo, nadie, ni en la calle ni en el parlamento, conseguía ponerse de acuerdo en qué consistiese eso del federalismo.

Unos hablaban de descentralización administrativa; otros, de anulación de toda autoridad, de soberanía de las comunas, de supresión del ejército y la policía, etc. Los municipios comenzaron a proclamar su independencia, se destruyeron telégrafos, se levantaron raíles, se desataron huelgas generales, se asesinaron agentes del orden, se lincharon alcaldes, la nación de Jumilla amenazó con la guerra a la vecina nación murciana, el cantón de Cartagena se apoderó de varios buques con los que bombardeó “potencias extranjeras” como Almería y Alicante…

Casi siglo y medio después, para contentar a quienes han dejado claro que sólo les interesa la secesión, los socialistas, dedicando compasivas miradas a los infelices que no alcanzan su altura moral e intelectual, promueven una segunda edición que comienza del mismo modo que entonces: no sabiendo ni lo que quieren decir con la palabra “federal”. 

Hagan la prueba. Pregúntenselo.

Jesús Laínz.

sábado, 22 de septiembre de 2012

El chantaje de la Diada (por Jesús Laínz)

Cada vez que voy por mi ciudad natal, Santander, tengo una cita ineludible con mi amigo y paisano, el escritor Jesús Laínz, a quien Alejo Vidal-Quadras definió como "el insigne bolígrafo". Mientras devoramos cefalópodos, o mejor dicho, mientras degustamos una tradicional ración de rabas, aprovechamos para ponernos al día sobre lo humano, lo divino, e incluso lo político, tema que en estos tiempos que vivimos anda muy revuelto, especialmente en mi otra tierruca, la catalana.


En esa animada tertulia, entre raba y raba, fue gestándose el contenido del artículo que se recoge a continuación, sobre el eterno chantaje de los nacionalistas a los constitucionalistas. Lo que no sabía Jesús es que su artículo, leído después del 11-S, se quedaría corto. Ya no hay un chantaje, ya no se plantea el habitual ultimatum de "o nos dáis tal cosa (concierto fiscal en este caso), o nos vamos", esta vez se han traspasado todas las líneas rojas, y la propuesta del Govern catalán, respaldada por una mayoría del Parlament catalán, decía: "o nos dáis la independencia, o nos vamos". 

Leamos, pues, lo que proféticamente, escribía Jesús Laínz unos días antes de la Diada.

El Chantaje de la Diada

O nuevo estatuto o nos vamos. Ahora toca o pacto fiscal o nos vamos. Después tocará?

“Se confía en que todos acudirán a derramar su sangre y su vida por su rey, su honor, la patria y la libertad de toda España”. Éstas son las palabras, escritas el 11 de septiembre de 1714, por las que ha pasado a la historia (a la de verdad) Rafael Casanova, involuntaria víctima de la farsa catalanista cuya estatua homenajean cada 11 de septiembre los nacionalistas de todo tipo en vez de derribarla por españolista, como deberían hacer si fueran gente seria. Y a la farsa se apuntan todos los partidos, PP incluido. Sólo los Ciutadans osan tomárselo a guasa.

Pero, tras la inicial tergiversación casanovista para inocular en los catalanes un difuso pero no por ello menos inamovible sentimiento de pueblo conquistado, la Diada ha ido sirviendo para agitar el chantaje que tocara cada año. O Estado de las Autonomías o nos vamos. O estatuto o nos vamos. O inmersión lingüística o nos vamos. O federalismo asimétrico o nos vamos. O nuevo estatuto o nos vamos. Ahora toca o pacto fiscal o nos vamos. Después tocará…

De Pujol a Mas pasando por Maragall y Montilla, siempre la misma tabarra de matoncillo de patio de colegio. Y con esta y otras técnicas de lavado de cerebro para desinformados, han conseguido aumentar paulatinamente el número de partidarios de la secesión, sobre todo gracias al abandono de quienes se supone que son sus contrincantes, que les han reído las gracias y dejado paso libre desde hace cuarenta años: la hispanófoba izquierda por complicidad y la inútil derecha por seguir sin comprender que la siembra de ideas, por muy falsas que sean, tiene consecuencias. Y así, un año más, la locura separatista sigue creciendo. Y Rajoy y su equipo de contables, en el guindo.

Qué mala idea tienen a veces las palabras.

Jesús Laínz, abogado y escritor santanderino.

sábado, 9 de junio de 2012

Boicot de nacionalistas a la cerveza San Miguel

(artículo de Luis Fernández del Campo, publicado en La Voz Libre, y en la web de C's).


Nunca me gustaron los boicots, ni los chovinismos baratos. Nuevamente asistimos en Barcelona al último ejemplo de cómo el nacionalismo nubla las mentes, impregnado en un ambiente de exaltación patrio de lo “nostre i catalá” frente a lo cosmopolita. Siempre cerrando fronteras en lugar de abrirse al mundo, y a la realidad evidente.


La última polémica parte de un supuesto agravio contra la música catalana, en opinión del columnista Jordi Bianciotto, de El Periódico, quien criticó en su columna que el “San Miguel Primavera Sound” no promocionara más la música en catalán y optase por ser un festival cosmopolita. ¡Oh, cielos! Un festival “apátrida”, con una programación independiente de música pop internacional, que no incluye música en catalán. ¡Qué grave atrevimiento! Ante esta crítica al criterio seleccionador del Festival, uno de los directores, Gabi Ruiz, decidió retirarle la acreditación a ese periodista. A ello siguieron una serie de comentarios en twitter, que devinieron en polémica en la red, con muchos reproches al organizador por sus presuntos insultos y por hablar del “provincianismo disfrazado de nacionalismo barato” al referirse a la actitud de Bianciotto. Un comentario, para mí, absolutamente certero y descriptivo de la situación que vivimos en este “oasis” catalán.

A la vista de las críticas, la organización del festival decidió devolverle su acreditación, lo que le permitiría seguir accediendo gratis a todos los conciertos, a los que por cierto nunca se le prohibió el acceso, tal como algunos insinuaban a través de twitter.

Como ya es habitual en estas tierras, en cuanto alguien se enfrenta al régimen nacionalista catalán, surgen voces que, en lugar de defender su postura de forma constructiva, optan por la confrontación, promoviendo el boicot, desde las redes sociales, especialmente en twitter y en los foros de la web Racó Catalá. Un absurdo boicot contra la patrocinadora del festival, San Miguel, y ya de paso contra el slogan de su spot Ciudadanos de un lugar llamado mundo”, que contiene un mensaje absolutamente contrapuesto al nacionalismo. Curiosamente, este slogan ya había sido lanzado hace un año, sin recibir críticas nacionalistas entonces, pero ahora que ven “amenazada” la cultura musical catalana por un festival pop internacional, reaccionan con carácter retroactivo contra todo.

En las cervezas, más que en otros productos, es habitual apelar al orgullo de país, nación, región, pueblo, o incluso equipo de fútbol. Ya el año pasado, cuando San Miguel lanzó su slogan, me sorprendió gratamente que una marca de cerveza apelara al sentimiento de universalidad, de ciudadanía del mundo, valores con los que coincido, frente a las que hablan del orgullo localista de ser mediterráneos, andaluces, gallegos, zaragozanos, barceloneses, culés, etc. ¡Cómo si sentirse de un sitio u otro influyera para beber cerveza! Quizás el hecho de ser la cerveza española más internacional, con mayor tradición exportadora, haya influido a la hora de definir este slogan. O quizás sea simplemente una forma de diferenciarse en positivo de las marcas que se basan en un localismo, que acaba convirtiéndose en chovinismo. En todo caso, alabo la elección del lema, porque yo también me considero “Ciudadano del mundo”, política y personalmente.

Nunca he sido fan acérrimo de ninguna marca de cerveza por los valores que transmite, más allá de su sabor y su capacidad para calmar la sed.  Existe una amplia gama de aromas y sabores dentro de su sabor genérico, hay muchas marcas buenas, y todo es cuestión de gustos o de costumbres. Al fin y al cabo, la variedad de sabores es positiva, evita el aburrimiento gustativo, y enriquece nuestra capacidad de apreciar sus diferencias. Igual que en política, o que en la vida, conocer diferentes puntos de vista, diferentes ideas, diferentes opiniones, nos enriquece como personas.

Pocas cosas hay tan amenas como una charla con amigos, con diferentes puntos de vista, abiertos a nuevas ideas, y con unas cervecitas en la mano (cada uno de la marca que prefiera, pero sin boicotear a ninguna).

Luis Fernández del Campo
Miembro del Consejo General de C's y portavoz en Esplugues

miércoles, 30 de mayo de 2012

Pitada patrocinada por BBVA, Fundación Qatar, Petronor y Repsol en #lacopadetodos

Artículo de Manuel Romero, publicado en La Voz Libre.



Los presidentes del Athletic Club de BilbaoJosu Urrutia, y del FC Barcelona, Sandro Rosell, siguen callando sobre la pitada al himno español el pasado viernes por la noche en la final de la Copa del Rey.No sólo no trataron de frenar la acción, animada desde sectores ultras de sus aficiones, sino que después de que se haya producido, están adoptando una postura que les acerca a los silencios cómplices de algunos presidentes que confraternizaban con los grupos más violentos de sus aficiones por el simple hecho de que eran los que más animaban al equipo cuando este iba perdiendo.
Los presidentes de estos dos equipos aspiran a estar repicando y en la procesión: con sus aficiones radicalizadas y con el Príncipe en el palco… y participando de la Liga Española, patrocinada por el BBVA. Y hay que mostrarles que eso no puede ser. La Federación Española de Fútbol, un ente formado por los clubes, está en manos de las presiones que se ejerceN desde los más poderosos. Es como la ONU: imagen de sobrevolar por encima del bien y del mal, pero con un ‘Consejo de Seguridad’ de los cinco grandes, que son los que determinan sus decisiones ejecutivas.
Habrá que comenzar a plantearse la utilización de sus mismos métodos y a cuestionar en privado y en público, vía redes sociales, qué pasaría si, de no condenar la pitada del viernes, comenzáramos mirar a sus patrocinadores:
- Al BBVA, por poner su sello a una Liga en la que existen clubes que no condenan las ofensas al himno de España.
- A la Fundación Qatar y a sus jeques, que mantienen una relación fraternal con el Rey Juan Carlos, pero que ponen su marca en la camiseta de un club, cuyo presidente no condena la pitada al Príncipe y al país que este representa.
- A Petronor, que cubre con sus gasolineras todo el territorio español y financia con su marca al Athletic Club, que calla cuando se produce la pitada al himno del país del que extrae sus beneficio.
- A Repsol, que participa mayoritariamente en el accionariado de Petronor. Porque cuando Argentina les ha expropiado YPF, bien que Antonio Brufau, su presidente, requirió de todos los estamentos del Estado para resolver la situación. Ahora que el Estado es vejado públicamente, bien puede requerir a quienes patrocina, que den la cara por sus símbolos.
No son tiempo fáciles. Empresas, empleados y proyectos pasan por momentos de incertidumbre. No dejemos que las cuestiones básicas que marcan nuestra convivencia se barran también en esta ‘revolución silenciosa’ de la que somos víctimas. Muchos tienen algo que decir. Y estamos esperando.
Si los clubes no condenan la pitada, que lo exijan los patrocinadores BBVA, Fundación Qatar, Petronor-Repsol. Si estás de acuerdo, difúndelo en Twitter #pitalealospatrocinadores
También puedes adherirte con tu firma a la petición que estamos promoviendo en la web www.Change.org: FIRMA AQUÍ.

lunes, 6 de febrero de 2012

Desmontando los dogmas nacionalistas con Jesús Laínz


El escritor cántabro Jesús Laínz analiza y desactiva los principales argumentos lingüísticos de la ‘fe nacionalista’ durante la presentación de su libro ‘Desde Santurce a Bizancio. El poder nacionalizador de la palabra’.
(Alejandro Tercero - La Voz de Barcelona) Cataluña es una nación, como lo demuestra, sobre todo, la lengua; dicha lengua, es la lengua propia de Cataluña; también se habla otra, el castellano, pero solo por imposición; la Renaixença consiguió reavivar la lengua catalana que, posteriormente, se depuró y fijó bajo la dirección de Pompeu Fabra; durante el franquismo hubo un genocidio lingüístico contra el catalán; y para contrarrestar ese genocidio, no nos queda más remedio que hacer la actual inmersión lingüística.
Estos son los seis dogmas de fe nacionalistas que el escritor Jesús Laínz (Santander, 1965) ha desarmado este jueves en una amena conferencia organizada por Convivencia Cívica Cataluña en el Hotel Catalonia Plaza Cataluña de Barcelona, donde ha presentado su libro Desde Santurce a Bizancio. El poder nacionalizador de la palabra.
El diputado autonómico de Ciudadanos Jordi Cañas; el escritor Jesús Laínz; el presidente de Convivencia Cívica Catalana, Francisco Caja; y el profesor universitario Pedro Antonio Heras, durante el acto de este jueves (foto: JSM).
¿Una lengua, una nación?
Para rebatir el primero de los dogmas (“una lengua es igual a una nación”), Laínz ha propuesto un simple ejercicio: observar a nuestro entorno. “¿Cuántos países de la Unión Europea son monolingües?”, se ha preguntado, y él mismo ha respondido: solo Islandia, todos los demás tienen multitud de lenguas. Solo en el caso de Francia, se puede comprobar que se habla catalán, vasco, corso, italiano, provenzal, alsaciano, alemán y bretón, entre otros, sin contar los dialectos. Una situación que se repite en el resto de países europeos. Además, ha continuado, “si una lengua es igual a una nación, y en la ONU hay representadas 198 naciones y en el mundo hay tres mil lenguas, o en la ONU faltan naciones o en el mundo sobran lenguas”.
Respecto al segundo planteamiento, el escritor se ha interpelado: “¿Qué significa eso de que el catalán es la lengua propia de Cataluña, como dice el Estatuto? ¿Que es la autóctona, como la vegetación; la geológica, que emana de la tierra; la telúrica, que se filtra como los vapores de los volcanes; o la esotérica, que hablan las setas o las piedras?”. Y ha llegado a la conclusión de que “se quiso decir” que es la lengua de los catalanes.
Aspecto de la sala durante la presentación del libro de Jesús Laínz 'Desde Santurce a Bizancio. El poder nacionalizador de las palabras' (foto: LVdB).
¿Entonces?, ha continuado, veamos qué hablan los catalanes, y en este caso se puede comprobar que, de forma muy mayoritaria, los catalanes hablan dos lenguas. Sin embargo, si utilizamos el criterio del uso, casi la mitad de la población habla habitualmente en catalán, mientras que algo más de la mitad lo hace en español, que además es lengua materna de más del 60% de los catalanes. Ante esto, los nacionalistas argumentan: “Es que el catalán es la lengua que estaba aquí, mientras que el castellano es la lengua que se nos impuso desde fuera”. “Pero si la clave es la precedencia temporal, el latín estaba antes que el catalán, por lo que esta es la que debería ser la lengua propia de los catalanes, impuesta a sangre y fuego por los romanos; y si vamos un poco más atrás, sería la lengua de los layetanos y otros pueblos ibéricos”, ha concluido irónicamente Laínz para desmontar este argumento por reducción al absurdo.
La supuesta imposición secular del español
El escritor también ha rechazado la tesis de “la imposición” del castellano en Cataluña a lo largo de la historia. “La lengua castellana es la lengua franca de todos los reinos de la penínsual ibérica desde la Edad Media”, ha señalado, y ha recordado que muchos de los reyes utilzaban esta lengua para redactar la mayor parte sus leyes y documentos, desde Alfonso X el Sabio, hasta Jaime I el Conquistador, o su padre, Pedro II, entre otros ejemplos. “Y esto pasaba en el siglo XIII, un poco antes de Franco y de Felipe V”, ha apostillado.
Laínz ha recuperado la conocida instrucción dictada en 1716 por el secretario del Consejo de Castilla, Abad de Vivanco, en los Decretos de Nueva Planta tras la finalización de la Guerra de Sucesión Española, habitualmente citada por los nacionalistas. Esta instrucción ordenó a los corregidores ‘poner el mayor cuidado en introducir la lengua castellana, a cuyo fin dará las providencias más templadas para que se consiga el efecto sin que se note el cuidado, porque los efectos que de esta uniformidad se siguen son muy beneficiosos porque se facilita la comunicación y el comercio, se unen los espíritus divididos o contrarios por los genios, y se entienden y obedecen mejor las leyes y órdenes’.
El conferenciante ha subrayado que la instrucción hablaba de “introducir la lengua castellana, y no de extirpar la lengua catalana”, como a veces se argumenta. Y ha justificado la orden por el hecho de que a principios del siglo XVIII se estaba iniciando en toda Europa un proceso de unificación de legislaciones, y había una tendencia a la centralización, racionalización y uniformización administrativa. Esta indicación, por tanto, no implicaba una voluntad de hacer desaparecer el resto de las lenguas en España -a diferencia de lo que ocurrió en Francia desde finales del siglo XVII y, especialmente, tras la Revolución, un siglo después-, sino que establecía una lengua de ámbito general.
La normativización del catalán de Pompeu Fabra
Respecto a la Renaixença y a la posterior normativización de la lengua catalana de la mano de Pompeu Fabra, Laínz ha denunciado que, además de los criterios filológicos,se utilizaron motivaciones y criterios políticos. Le ha bastado con traer algunas citas de los linguistas de la época. “Hay que descubrir, uno a uno, todos los castellanismos que infestan nuestra lengua debido al peligro que corremos de llegar a una casi identificación de nuestro léxico y nuestra sintaxis con los de la lengua dominadora”, decía Fabra.
“Que cada cual escriba la variedad viva de catalán que le plazca, enriqueciéndola, depurándola, completándola, perfeccionándola con los elementos asimilables de la lengua antigua, con los más asimilables de las lenguas hermanas contemporáneas, provenzal, francés, italiano, portugués… de todas ellas menos del castellano, porque precisamente de este último ha de hacer el catalán un trabajo de desasimilización”, decía el editor de L’Avenç Joaquim Casas-Carbó. Desde la misma revista, impulsora de la normativización del catalán, se defendió la adopción del dialecto oriental como base ‘por ser el más opuesto al castellano’.
El catalán durante la dictadura franquista
Por otra parte, el escritor ha negado que durante el franquismo se produjera un genocidio lingüístico de la lengua catalana. Sí ha reconocido que, durante la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura, “se cometieron verdaderas barbaridades y disparates” contra el uso de las lenguas regionales en España, reprimiendo a sus hablantes con todo tipo de censuras y sanciones. Sin embargo, poco después eso cambió y, aunque estas lenguas nunca fueron oficiales durante el franquismo -especialmente en la educación y en la administración-, sí fueron “permitidas” y no estaban prohibidas, como muchas veces se asegura. “Esa es la gran mentira de los nacionalistas, confundir no oficialidad con persecución”, ha insistido.
Para apoyar su afirmación, Laínz ha presentado múltiples recortes de prensa de los años 50 y 60 que recogen la edición de miles de libros, discos y revistas (comoDau al setSerra d’OrGerminabitCanigóOriflamaÀncoraPresènciaCavall Fort,Tele-Estel, etc.) en las lenguas regionales. También ha recordado los múltiples concursos literarios en lengua catalana creados durante el franquismo, como el Joanot Martorell (1947), el Óssa Menor (1950), la Faràndula (1951), el Víctor Català (1953), el Aedos (1953), el Sant Jordi (1961), el Lletra d’Or (1956), el Ausiàs Marc (1959) y elPremi d’Honor de les Lletres Catalanes (1969), entre otros. Y ha recordado algunos datos curiosos, como el homenaje a Joan Maragall presidido por el dictador Franco en 1960, o la condena de ocho meses de cárcel dictada en 1968 contra el director de la revista Destino, Néstor Luján, por publicar una carta de un lector que podía ‘ofender a la lengua catalana, ya que se manifestaban en la misma opiniones contrarias a la enseñanza del catalán en las escuelas públicas’.
La contradicción de los defensores de la inmersión obligatoria
Por último, el conferenciante ha cargado contra el razonamiento de los nacionalistas de que la inmersión lingüística obligatoria exclusivamente en catalán es necesaria para “contrarrestar” ese supuesto “genocidio lingüístico”, lo que ha calificado como el habitual argumento del “pues anda que tú”. Para Laínz, este planteamiento refleja el “totalitarismo” de los nacionalismos y ha considerado inaceptable la “reeducación” que supone la denominada “normalización lingüística” que se aplica en las escuelas. Como prueba de la insostenibilidad de ese argumento, ha recordado que, durante la transición, los nacionalistas defendían, “con mucha justicia y con mucha razón, que la lengua materna es la mejor para enseñar a un niño”.
Para ilustrar la estrategia del nacionalismo en este sentido, ha traído una cita del libroJustificació de Catalunya (1958), del sacerdote Josep Armengou -alabado por Jordi Pujol-: “No hay que perder ocasión para la catalanización persistente y paciente de los inmigrantes, especialmente los niños. No consentir que ningún catalán hable otra lengua que la catalana. [...] El solo hecho de haber nacido en Cataluña y ser padre de catalanes no es suficiente para ser catalán. No, no son catalanes los que rechazan la catalanidad y sus consecuencias. Los zorros y los sapos de nuestro país también han nacido en Cataluña y no decimos que sean catalanes. Pertenecen a la fauna mundial. Estos catalanes circunstanciales tampoco son catalanes. Pertenecen a la fauna española”.
“Pedagogía del odio”
El acto ha sido presentado por el presidente de Convivencia Cívica Catalana, Francisco Caja, y también ha contado con las intervenciones del diputado autonómico de Ciudadanos Jordi Cañas y del profesor universitario Pedro Antonio Heras. Caja ha destacado la utilización de la lengua por parte de los nacionalistas como “un marcador político” y ha subrayado que el libro de Laínz recoge con precisión y con gran cantidad de ejemplos la “pedagogía del odio” en que el nacionalismo ha basado toda su estrategia.
Heras ha criticado el “acomplejamiento” de la derecha española, que pasó del “Pujol, enano, habla castellano” que gritaban “algunos animales” tras la victoria del PP en 1996, a “hablar catalán en la intimidad” 15 días después. También ha cargado contra el acercamiento de la Iglesia Católica al nacionalismo. Y ha lamentado la falta de unidad de las nuevas formaciones que son abiertamente beligerantes frente al nacionalismo, como Ciudadanos y UPyD.
Por su parte, Cañas ha reprobado la actitud de la Casa del Libro de Barcelona (Librería Bertrand) que, incialmente iba a acoger la presentación, pero que tras conocer el contenido del libro decidió rechazarla para “evitar problemas”, un hecho que ha calificado de “repugnante autocensura” que “hay que denunciar”. También ha reprochado “la imposición de la ideología nacionalista mediante la perversión de las palabras” ante la “pasividad” del resto de la población.

domingo, 5 de febrero de 2012

Jueves 2 de febrero de 2012. Presentación en Barcelona del libro "Desde Santurce a Bizancio: el poder nacionalizador de las palabras" de Jesús Laínz 



Jesús Laínz, escritor, abogado, empresario santanderino y una de las personas que más ha escrito sobre el nacionalismo catalán y vasco, presentó su último libro titulado "Desde Santurce a Bizancio" en un acto organizado por Convivencia Cívica Catalana


Este libro ha venido precedido por una curiosa polémica, ya que La Casa del Libro (Grupo Planeta) vetó la presentación del mismo, ya que según explicó la propia librería, sus salas no acogen presentaciones de libros "subversivos" o "muy problemáticos". 


Así, pues, en Cataluña ya "no hace falta ninguna prohibición, ningún policía; el pueblo se ha convertido en gendarme de sí mismo, la gente se autocensura porque saben lo que se puede hacer o decir" para no ver perjudicados sus intereses particulares o empresariales. Y esto convierte al sistema en algo "verdaderamente feo", ha señalado el propio Jesús Laínz.


El acto contó con la intervención de los ponentes Francisco Caja, Presidente de Convivencia Cívica Catalana, Jordi Cañas, Diputado autonómico y portavoz de Ciutadans (C's) y Pedro Antonio Heras, Profesor Universitario.

jueves, 2 de febrero de 2012

Presentación en BCN del libro "Desde Santurce a Bizancio: el poder nacionalizador de las palabras" de Jesús Laínz


Hoy, jueves 2 de febrero, mi amigo y paisano Jesús Laínz, escritor, abogado, empresario santanderino y una de las personas que más ha escrito sobre el nacionalismo catalán y vasco, presenta en Barcelona su último libro titulado “Desde Santurce a Bizancio” en un acto organizado por Convivencia Cívica Catalana.


Este libro viene precedido de una curiosa polémica, ya que La Casa del Libro (Grupo Planeta) vetó la presentación del mismo, ya que según explicó la propia librería, sus salas no acogen presentaciones de libros "subversivos" o "muy problemáticos".

Así, pues, en Cataluña ya "no hace falta ninguna prohibición, ningún policía; el pueblo se ha convertido en gendarme de sí mismo, la gente se autocensura porque saben lo que se puede hacer o decir" para no ver perjudicados sus intereses particulares o empresariales. Y esto convierte al sistema en algo "verdaderamente feo", ha señalado el propio Jesús Laínz.

Recomiendo vivamente la lectura de este libro, todo un manual explicativo de cómo los nacionalismos han utilizado las lenguas como herramienta de construcción "nacional", ilustrado con múltiples ejemplos no solo de nuestro país.

El acto contará con la intervención de los ponentes Francisco Caja, Presidente de Convivencia Cívica Catalana, Jordi Cañas, Diputado autonómico y portavoz de Ciutadans (C’s) y Pedro Antonio Heras, Profesor Universitario.

Hora: 19.30h.
Lugar: Hotel Catalonia Plaza Cataluña (C/Bergara, 11. Barcelona)

ANEXOS:

- Concesión (informal) a Jesús Laínz del título de "vascófobo" de la semana.
- Entrevista de Luis del Pino a Jesús Laínz en EsRadio (28-01-12)
- Programa "Son libros", de EsRadio, con Jesús Laínz (28-01-12).

lunes, 5 de septiembre de 2011

Malos tiempos para la lógica


.
Parafraseando al grupo “Golpes Bajos”, hoy en día podría cantarse en Cataluña una nueva versión de su mayor éxito, titulada “Malos tiempos para la lógica”.

Porque lógico es que en una comunidad bilingüe, donde hay una sociedad bilingüe, en la educación también se utilicen como lenguas vehiculares, equilibradamente, las dos lenguas cooficiales.  Porque lógico es que las leyes así lo recojan,  que las sentencias así lo confirmen, y que sus responsables políticos las acaten y ejecuten. Y también sería lógico que los ciudadanos no hicieran ningún caso a los irresponsables que les animan a desobedecer las leyes (incluyendo no solo a los gobernantes catalanes, sino a miembros del Gobierno de España).

Pero en Cataluña la lógica hoy no existe, ha sido secuestrada por la casta política, que desde hace más de 30 años ha abrazado (con honrosas excepciones) la fe del nacionalismo identitario. Sí, he dicho bien: fe. Una fe que se ha ido inculcando a través de las escuelas y medios de comunicación, como si de un catecismo se tratara. Una fe que los nacionalistas han logrado instalar en el subconsciente de una gran parte de catalanes, que a pesar de aplicar la lógica en la mayoría de los razonamientos que rigen su vida diaria, han acabado asumiendo sus dogmas incuestionables, y que defienden con toda su fuerza cuando se trata de su “país”. Esto es lo que provoca discusiones bizantinas, carentes de toda lógica, y de irresoluble final, como las que el pasado fin de semana hemos vivido en las redes sociales, en tertulias televisivas y hasta en los bares, a raíz del auto del TSJC que conmina a la Generalidad de Cataluña a cumplir las sentencias del TS y TC que garantizan la educación bilingüe equilibrada. Discusiones que revelan que, para muchos ciudadanos, es más cómodo actuar conforme a los dogmas nacionalistas que pensar, que aplicar la lógica a la vida política y a la convivencia.


Si los ciudadanos pensaran libremente por sí mismos, sin prejuicios ni visceralidades, sin someterse a la sacrosanta fe nacionalista, sin esa venda estelada sobre los ojos, habrían llegado a conclusiones lógicas como estas:
  • Las leyes pueden no gustar, pero deben cumplirse. Y si no gustan, hay mecanismos legales para cambiarlas.
  • Se puede criticar un auto o una sentencia de los tribunales, pero debe acatarse.
  • Defender el bilingüismo en la educación no supone ningún ataque a una lengua.
  • Imponer una lengua cooficial por encima de la otra, además de inconstitucional, es la peor forma de protegerla.
  • Bilingüismo equilibrado significa que ambas lenguas tendrán similar peso.
  • Las lenguas no tienen derechos, son las personas que las hablan quienes los tienen.
  • En Cataluña hay dos lenguas oficiales, y propias de los ciudadanos que la habitan: castellano y catalán. Ambas son lenguas españolas que pueden convivir sin imposiciones, en total libertad.
Utilizar la lógica está mal visto hoy en Cataluña, y ser constitucionalista y no nacionalista aún peor. Los "buenos" catalanes "de debó" anteponen su "país" sobre todas las cosas, cual mandamiento divino, incluso por encima de los derechos y libertades individuales.

Frente a una sociedad adormecida, sometida a la fe nacionalista, manipulada desde la educación y los medios de comunicación, caben dos opciones: o seguir siendo súbditos sumisos del “país”, o rebelarse cívicamente, respetando y haciendo respetar las leyes, y velando por el respeto a las libertades individuales de todos los ciudadanos.  Yo opto por la segunda, aunque reconozco que hoy en día es muy difícil: Te obliga a pensar y reflexionar.


Luis Fernández del Campo

Coordinador Federación Bcn Provincia de C's

viernes, 3 de diciembre de 2010

¿Por qué el PSC es catalanista?

LLUÍS ORRIOLS


(EL PAÍS).- La histórica derrota del PSC en las elecciones del pasado 28-N obliga a los socialistas catalanes a abrir un debate interno para trazar un nuevo rumbo político. Y muy probablemente, en ese debate, las cuestiones identitarias cobrarán un especial protagonismo. El PSC deberá decidir si reforzar o no su perfil "catalanista", lo que es sin duda un verdadero hándicap para el partido. En efecto, se trata de un tema especialmente complicado para el PSC, pues en él conviven dos electorados claramente diferenciados en su nivel de nacionalismo. Por un lado, el sector "españolista" (mayoritariamente castellanohablante y de origen no catalán) se caracteriza por unas actitudes hostiles hacia las políticas nacionalistas y, en especial, hacia algunos elementos de la política lingüística catalana. Por otro lado, los "catalanistas" (catalanohablantes y de origen catalán) se definen en su mayoría como nacionalistas moderados.

Así, el PSC se enfrenta siempre al inevitable dilema de tener que satisfacer las demandas de un colectivo a costa de defraudar las del otro. Ante este panorama, ¿a qué colectivo ha decidido tradicionalmente contentar el PSC? La lógica numérica nos haría pensar que este partido optaría por atender las demandas de los españolistas, pues dos de cada tres votos que recibe este partido suelen provenir de este colectivo. No obstante, hasta hoy el PSC ha preferido presentarse con un perfil más cercano a la minoría catalanista y, en consecuencia, desatender las preferencias de la gran mayoría de su electorado.

Esta tradicional falta de representatividad del PSC no es un tópico alimentado por las trincheras mediáticas conservadoras de Madrid. Los escépticos solo tienen que recurrir a las encuestas demoscópicas para comprobarlo. Por ejemplo, según datos del CIS de las anteriores elecciones catalanas, el PSC se alejaba apenas 0,4 puntos del electorado de origen catalán en la tradicional escala nacionalista (0 -mínimo nacionalismo- al 10 -máximo nacionalismo-), pero la distancia era tres veces mayor (de 1,5 puntos) con respecto a su electorado castellanohablante de origen no catalán. Este fenómeno no es nuevo, pero el alejamiento del PSC de sus bases españolistas parece haberse acentuado tras la experiencia de los Gobiernos del tripartito y el proceso de reforma del Estatut.

¿Por qué el PSC ha decidido tradicionalmente desatender las preferencias de la gran mayoría de su electorado? Los expertos generalmente nos ofrecen dos explicaciones. La primera, quizás la más periodística y anecdótica, es buscar sus causas en cómo se gestó este partido a finales de los años setenta. El PSC nació principalmente de la unión de tres partidos: el PSC-Congrés, el PSC-Reagrupament (ambos de tendencia catalanista) y la Federación Catalana del PSOE (de tendencia más españolista). Por distintos motivos, en el proceso de fusión de las tres formaciones políticas, el sector catalanista se impuso al sector proveniente de la antigua Federación Catalana del PSOE. Los ex miembros del PSC-Congrés ocuparon mayor presencia entre delegados y cuadros dirigentes y, con ello, se marcó el perfil catalanista del partido que conocemos hoy día.

Una segunda explicación es que el PSC se ha aprovechado de la existencia de un fallo en la oferta del mercado electoral catalán. Tradicionalmente no ha habido ningún partido de izquierda no nacionalista, lo que permitía al PSC acercarse a posiciones más catalanistas sin perder excesivos votantes españolistas. El resto de formaciones políticas del panorama político catalán (incluyendo a Iniciativa-Verds) resultaban poco atractivas para este electorado, pues se alejaban aún más de sus preferencias. A lo sumo, los votantes españolistas descontentos podían optar por quedarse en casa y no acudir a las urnas.

Estos dos argumentos no parecen ayudar del todo a explicar por qué el PSC es más "catalanista" de lo que la mayoría de su electorado quisiera.

En primer lugar, la explicación de que el catalanismo del PSC es fruto de un capricho histórico no parece pasar de la anécdota. Esta explicación no nos ayuda a entender por qué las élites socialistas del sector españolista -que gozan de la mayoría del apoyo electoral- no han batallado a lo largo de estos 30 años con mayor beligerancia para imponer sus tesis.

En segundo lugar, la explicación sobre la existencia de un fallo de mercado no parece ya sostenible en la coyuntura actual. El escenario político catalán de los últimos años ha cambiado sustancialmente con la aparición de nuevos partidos de izquierda no catalanista como Ciutadans o UPyD. Y, a pesar de ello, la gran mayoría de votantes socialistas españolistas descontentos no parecen haber encontrado refugio en estas nuevas formaciones políticas.

La explicación más convincente sobre el tradicional perfil catalanista del PSC es la existencia de diferentes "elasticidades" entre los votantes socialistas catalanistas y españolistas. Por elasticidad me refiero a la propensión de los ciudadanos a cambiar su voto en función de los planteamientos ideológicos que ofrecen los partidos políticos. Existen poderosos indicios de que los votantes socialistas españolistas presentan una menor elasticidad que los catalanistas. O dicho de otra forma, los españolistas seguirían votando al PSC al margen de si este partido se acerca o aleja de sus posiciones ideológicas. En cambio, los catalanistas son más sensibles a la ideología del PSC: estos fácilmente dejarían de votar a este partido si decidiera alejarse demasiado de su ideario.

Las diferentes elasticidades de estos dos colectivos quedan reflejadas en datos recientes del CIS. Por un lado, los socialistas españolistas declaraban justo antes de las elecciones del 28-N que estaban dispuestos a votar solo al PSC. A pesar de que se sentían más cercanos ideológicamente a Ciutadans o UPyD en la dimensión nacionalista, prácticamente todos ellos coincidían en considerar que nunca votarían a esos partidos. Además, casi la mitad de ellos afirmaban que, con toda seguridad, siempre votarían al PSC. Por otro lado, los socialistas catalanistas se mostraban menos leales a este partido, pues el porcentaje de los que siempre votarían al PSC se reducía a apenas un 20%. Como consecuencia, este colectivo era menos reacio a cambiar su voto a favor de otras formaciones políticas (sea ICV, CiU o ERC). Solo una minoría de los socialistas catalanistas (alrededor de un tercio) asegura que nunca votarían a estos tres partidos.

En definitiva, los datos sugieren que los catalanistas tienen una mayor predisposición a condicionar su voto en función de la oferta ideológica que el PSC ofrece. En cambio, los españolistas son votantes cautivos: haga lo que haga el PSC, muy probablemente le seguirían votando.

La baja elasticidad del electorado españolista es un producto del elevado grado de identificación partidista de este colectivo. En efecto, este colectivo tiene una mayor vinculación emocional con el PSOE (y por extensión con el PSC). Mientras que el sentimiento de pertenencia a este partido representa un valor arraigado a su identidad política, no ocurre lo mismo entre los catalanistas. Estos votarían al PSC por cuestiones más racionales o siguiendo criterios de coste-beneficio (según si el partido ofrece las políticas que desea) y no tanto por cuestiones emocionales o de identidad política.

Aún es pronto para valorar cómo se comportaron los votantes españolistas y catalanistas en las elecciones del 28-N. No obstante, un primer análisis de los resultados electorales parece indicar que en esta ocasión el PSC ha sufrido fugas de todas partes. Entre sus votantes españolistas, algunos decidieron no acudir a las urnas y algunos otros se dejaron seducir por el discurso anti-inmigración del PP (y del xenófobo PxC). Sin embargo, la mayor parte de las fugas probablemente provinieron del sector catalanista, que en esta ocasión habrían optado por votar a CiU. De hecho, una ojeada a los datos a nivel comarcal indica que las pérdidas del PSC están especialmente correlacionadas con las ganancias de CiU, lo que sugiere que la debacle socialista se debe en gran parte a la deslealtad del sector catalanista.

El PSC tiene ahora la difícil tarea de redefinir su perfil ideológico para recuperar parte del electorado perdido. Y los datos apuntan que esta tarea será más ardua en el caso del voto catalanista. Este es y seguirá siendo menos leal al PSC y condicionará más su voto a las propuestas que el partido ponga sobre la mesa.

Es previsible, pues, que los líderes socialistas acaben considerando como estrategia más racional reforzar el perfil catalanista del partido. Y, con ello, el PSC se verá obligado, una vez más, a desatender las preferencias de la mayoría de su electorado.


Lluís Orriols es profesor de Ciencia Política en la Universidad de Girona.