martes, 22 de enero de 2008

¡Al fin contamos con un modelo! (F. Sosa Wagner)

FRANCISCO SOSA WAGNER (La Nueva España)

Llevamos años meditando sobre el Estado, su organización territorial, los estatutos de autonomía, nuestra condición de nación o de cáfila, hasta el nombre de España nos empieza a parecer cateto y anticuado... Andamos desasosegados, inquietos, no damos con la fórmula, esperamos que el Tribunal Constitucional saque los demonios de nuestras dudas de las entrañas, el Gobierno idea fórmulas y anuncia reformas, todo es un ir y venir, bien intencionado, pero donde se nota cierta improvisación y un poco de despiste. Miramos a Alemania y no nos gusta, estudiamos el caso de Canadá y tampoco encaja, de los Estados Unidos ¿para qué hablar?, unos fachas sin remedio, acaso Bélgica parece que anda en el buen camino, Kosovo tampoco ofrece malas trazas... Todo es, en definitiva, un echar mano al mapa del mundo para encontrar el zapato a la medida de nuestra descompuesta idiosincrasia y de esta pluralidad nuestra, tan rica, porque ¡mira que hemos salido plurales los españoles! Nos ganarán en el extranjero en invenciones y patentes, pero a pluralidad no nos gana nadie. ¡Qué honra y qué gustirrinín!

Estando en estas cavilaciones, se produce el magnicidio en Pakistán, nos zarandea, como es lógico, el terrible acontecimiento, nos conmueve y ello nos lleva a mirar en aquella dirección, hacia a aquel Estado. Y descubrimos que es allí donde está la solución a nuestros problemas, allí, justo en aquel rincón de Asia que tan descuidado teníamos.

Porque resulta que Pakistán es un Estado multicultural, plurinacional y plurilingüístico, organizado sobre la base de cuatro provincias, dos territorios y algunas otras unidades administrativas con amplias cotas de autonomía. Alguna de esas provincias tiene aspiraciones de independencia, como es el caso de Belutschistan, que quiere tener su propio Estado con sus cabezas más o menos pensantes pero por lo menos con sus cabezas nucleares. Pues ¿y lenguas? Hasta cincuenta han contabilizado los especialistas, aunque en esto de la riqueza lingüística no tienen las ideas muy claras los paquistaníes pues andan intentado, a través de la escuela, generalizar el uso de una de ellas (que se llama Urdu) y, por supuesto, el inglés, que lo habla fluidamente todo paquistaní culto. En vez de mimar y cultivar ese rico patrimonio, andan asesinando lenguas o, peor aún, dejándolas morir lentamente, sin darse cuenta de que están violando a la mismísima Unesco y, encima, mofándose de Mayor Zaragoza, que es quien sabe de estos achaques.

En cuanto a religiones, aunque la mayoritaria es la musulmana, disponen de un rico surtido de otras creaciones del espíritu humano, así que tampoco pueden quejarse en punto al cultivo de espiritualidad.

Se verá, pues, que el camino que nosotros estamos recorriendo, a trastabillas, hacia el multiculturalismo, la multinacionalidad y el plurilingüismo, allí ya lo tienen andado e instaurado. ¿Qué dificultad existe entonces para dejarnos instruir por ellos? ¿Qué esperamos para acudir a Pakistán a tomar apuntes? Sólo a la punible pereza puede achacarse que no estemos tomando ya las maletas para Islamabad.
Tan sólo nos faltan un par de ingredientes: las etnias y las tribus. Pero es cuestión de ponerse a ello con buena voluntad. Si somos tan plurales y plurilingües, ¿por qué nos vamos a arredrar por no disponer de etnias diferenciadas? Las inventamos y a otra cosa. En cuanto a las tribus, lo tenemos más fácil pues ya contamos con la de banqueros, con la de rectores, catedráticos, notarios, obispos, neocons y progres... No está mal para empezar a abrir boca.

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