
Jordi Pujol le había hecho una envolvente a Juan Villalonga, para que Telefónica desarrollase negocio en Cataluña y Juanito Villalonga se metió en Mediapark. Su representante era Eduardo Alonso, hoy gran amigo de José Blanco, titular de Fomento. A Iberdrola la representaba Jesús Trillo (hermano de Federico Trillo, a la sazón ministro en el Gobierno de Aznar). A la CCRTV (dirigida por Jordi Vilajoana, CiU), la representaba Joan Oliver, actual director general del F. C. Barcelona, polémico por ordenar espiar vicepresidentes del club. Iberdrola compró el paquete de control al fundador del invento Mediapark, Alfred Cabanes. Pasó el tiempo y la sociedad entró en pérdidas (60 millones de euros, en 2001), las inversiones en Quiero Tv, Vía Digital o La Razón pinchaban sucesivamente. Aparecieron pagos por informes, en muchos casos no localizados, que apuntaban a personajes próximos a CDC y al PP. Por ejemplo: Josep Pujol Ferrusola, Carles Vilarrubí, Mauricio Casals, Miguel Ángel Rodríguez o Alejandro Echevarria.
Skandia decidió tomar las riendas. Tras intentarlo con Luís Blasco, de Telefónica, llegaron a un acuerdo con Ignacio Sánchez Galán y José Sáinz Armada, de Iberdrola. Skandia compraba su paquete por 90 millones de euros. Los suecos estaban ya repartiéndose cargos, sin saber que Jaume Roures quería quedarse con Mediapark. Los escandinavos se enfadaron mucho por considerar que Iberdrola no podía negociar con Roures alcanzado un acuerdo con ellos.
Iberdrola suscribió una ampliación de 30 millones de euros, para limpiar Mediapark; y Roures se hizo con la parte principal de la compañía (la que tenía los platós de televisión), sin pagar los 90 millones de Skandia. Cosas que sólo se comprenden por la influenza de Roures en Moncloa. Los suecos llevaron el tema a los tribunales, incluso pretendían posibles delitos de administración fraudulenta y apropiación indebida, pero aceptaron una indemnización y se largaron.
Tiempo antes, Roures había contactado con la mexicana Televisa, de la familia Azcárraga, para conseguirles un “balcón” televisivo en la España de Zapatero. Los mexicanos habían quedado con un pie en el estribo de Antena 3, cuando vendía Telefónica y Aznar prefirió a José Manuel Lara (Planeta/Hemisferio). Roures exhibía un carné de “máxima influencia” en Moncloa y los cameló. Les organizó reuniones con el Gobierno, donde les digeron que Moncloa quiere apoyar a las productoras nacionales, cosa que luego sucede a favor de Roures. Les proponen que entren como financiadores de ese nuevo canal de las productoras, que acabará siendo La Sexta. Roures les explica que “La Sexta va a ser la sustituta de Prisa”, en recibir el favor del Gobierno. Los mexicanos pusieron el dinero y vieron que no entraban los otros inversores prometidos, que no pintan nada en la línea editorial; y que el dinero se evapora en derechos deportivos de rentabilización dudosa, cosas “made in Roures”. La relación se puso tensa, pero Roures consiguió la TDT de pago, justo antes de las vacaciones. Otro favor de ZP. Con esos amigos, Televisa acudió a la última ampliación de capital in extremis, y le salvó el trasero a Roures.













