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viernes, 5 de marzo de 2010

Bronca entre Julia Otero y Arcadi Espada por Rosa Díez

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La presentadora de Julia en la Onda y el ex director de Factual se enzarzan a costa de las palabras de la presidenta de UPyD


(Público).- Es difícil oír en diez minutos tanto ruido de sables entre dos personas como el que se escuchó en el programa Julia en la Onda, de Onda Cero, dirigido por la periodista Julia Otero. La presentadora protagonizó una airada discusión con el ex director de Factual, Arcadi Espada, a costa de las declaraciones de Rosa Díez en las que se refería al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, como "gallego en el sentido peyorativo del término".

Espada defiende estas palabras y considera que la presidenta de UPyD "ha estado estupenda" y"ha demostrado por qué algunos le tenemos simpatía política y simpatía moral". A lo que Díez se refería, según Arcadi Espada, es a "los mil chascarrillos que hay sobre gallegos, sobre catalanes, etc.". "No sabía que era usted intérprete de las intenciones de Rosa Díez", le interrumpe Otero, claramente molesta con las apreciaciones de Espada. "Díez dijo lo que dijo, no lo que usted cree que dijo", le recrimina al periodista.

En ese momento la conversación entre ambos entra en un cruce de acusaciones mutuas en el que uno dice una cosa y el otro, la contraria. "Yo no soy intérprete de las intenciones, soy intérprete del texto", se defiende Espada. "En el texto no dice eso", contraataca Otero.

Haciendo oídos sordos, Espada continúa con su defensa de Rosa Díez, asegurando que "estuvo natural" refiriéndose a los "chascarrillos" sobre gallegos, "como los hay sobre los gitanos, sobre los negros, sobre las mujeres, sobre los machos o sobre los catalanes". "¿A qué nos referimos?", se pregunta Espada, "no al catalán concreto, al gallego concreto, al cura concreto o al maricón concreto". "Nos referimos al poso de las cosas que nos llevan a usar esos estereotipos", asegura el periodista, que considera que Díez sólo dice "algo impreciso".

Otero, más caliente después de escuchar las apreciaciones de Espada, le recrimina su indulgencia con Rosa Díez y le corrige asegurando que no es impreciso sino "ofensivo" lo que dijo la diputada. "No hay nada de peyorativo, es una estupidez", responde Espada, quien culpa directamente a "la estupidez nacional, aldeana, cantonal, provincial" de la interpretación de las palabras de la presidenta de UPyD. "Es la evidencia de que en este país se ha fragmentado la inteligencia, porque ha reaccionado de forma pueblerina".

La presentadora no puede más y le responde diciendo que "la soberbia de Rosa Díez sólo es superada por la suya". Para Otero, las declaraciones de Díez responden a "un síntoma de poca inteligencia" y cree que "cuando uno se equivoca" hay que disculparse.

Momento en el que la conversación se transforma en un cruce de gritos entre ambos. "Tiene usted una ventaja, que es usted la conducator de este programa, que es como llamaban a Chauchescu en Rumanía", sigue Espada. "Mi estilo no es insultar como es el suyo, porque usted ha insultado a quienes se han ofendido", reprocha la presentadora, que aprovecha para preguntarle por qué no se presenta con UPyD. "No me presento porque no me dedico a la política. Si me dedicara ¿por qué no?", responde Espada.

Sin embargo, Arcadi Espada no se queda en la comparación con el dictador rumano y lanza otro nuevo ataque a la presentadora al compararla con Goebbels. "Lo máximo que le voy a llamar a usted es soberbio, que es una evidencia, y usted me habla de Goebbels. Pero, ¿de qué va?" responde muy enfadada Otero, quien concluye la discusión asegurando que "lo de peyorativo califica a la señora Díez y a sus demonios familiares, que son los mismos que los suyos, señor Espada".

miércoles, 22 de agosto de 2007

AIXI, XIRINACS! por Arcadi Espada

Artículo de Arcadi Espada, publicado en EL MUNDO, del 15-08-07, y en su blog personal:


De una campaña electoral remota se me quedó en la cabeza el anuncio con que mosén Xirinachs pedía el voto. Presentaba el hombre sus propuestas, firmes y severas, tipo no me volveré a sentar hasta la total independencia de Cataluña, y un coro clamaba después de cada demostración de fuerza y clarividencia: ¡Ai-xí-Xi-ri-nachs! Ahora, y con motivo del suicidio, el coro ha vuelto. ¡Ai-xí-Xi-ri-nachs! Si en el pasado, y tras la rítmica y febril exclamación, se sentaban, ahora han seguido en sus quehaceres. Él muerto y ellos haciendo el vivo, según la costumbre. En el coro ha destacado el expresidente y expañol del año, Jordi Pujol, autor de unas declaraciones asombrosas. Ha dicho Pujol que el suicidio de Xirinachs le interpela profundamente. ¡Ai-xí-Xi-ri-nachs!, quins collons que has tingut. Pero ni un paso más allá.

No es fácil encarar la podredumbre moral de estas reacciones, tal es su espectro. La primera afecta al propio suicidio. Estos varones católicos no han tenido pudor a la hora de otorgarle sentido. Convencionalmente persiguen el suicidio allí donde se muestre; claman contra el hecho de que los periódicos den noticia de él, no sea que genere emulación (¡y ahora lo emularían si tuvieran los dos collons!); esgrimen la ley de Dios contra el zafio orgullo mundano de que el hombre se crea dueño de su cuerpo; nada de eso les ha importado: apenas disimulan que el suicidio de Xirinachs les ha parecido un acto heroico. Item más: juzgan que se ha tratado de un acto realista. ¡Hay motivo! El hecho de que alguien explique su suicidio porque no quiere seguir siendo un esclavo en tierra ocupada lo encuentran digno de interpelación. Real; extremado, pero real. Les interpela. Ellos que se han llenado mil veces la boca para asegurar que la independencia no vale una vida, celebran ahora la extinción sacrificial. Cordero de Dios. ¿Con qué autoridad se dirigirán ahora a los que quieran convertirse en mártires, y lo que es peor, convertirnos en mártires. ¿Acaso no acaban de decir que la muerte por razones políticas tiene sentido?

Sin embargo, lo peor de los graves, enfáticos y comediantes hermeneutas es la complicidad de fondo con el suicida que han querido demostrar. Eras de los nuestros, le han cantado. Desdichado Xirinachs. Él, que escribió tres gruesos volúmenes estrictamente destinados a demostrar la traición de los líderes; él, que los despreciaba de un modo radical, que actuó siempre como el senador más votado de Cataluña y que los observaba desde una doble superioridad, democrática y divina, completamente trastornada, él comprobaría ahora que lo peor del suicidio es la imposibilidad de réplica a las necrologías. Al cínico “¡Així, Xirinachs!” con el que los nacionalistas han concelebrado su misa negra.

(Coda: “Amigos, aceptadme este final absoluto, victorioso, de mi combate, para contrapuntear la cobardía de nuestros líderes , masificadores del pueblo. Lluís M. Xirinacs i Damians. Barcelona, 6 de agosto de 2007.” Traducido del catalán)